EDITAR CON O SIN AGENTE

“SR XXX:

Lamentablemente el comité de lectura de nuestra editorial, ha acordado no aceptar su manuscrito, en esencia por NO SUSCRIBIRSE A LA LÍNEA EDITORIAL QUE ACTUALMENTE ESTAMOS MANEJANDO, tal decisión, no implica una valoración de la estructura y calidad literaria de su propuesta. Lamentamos la respuesta y esperamos saber de usted por otras obras.

 

Estas respuestas perfectamente corteses, pero de rechazo amable, son comunes actualmente dentro del mundo literario; y sólo que el escritor se encuentre con la fortuna de un lector de la editorial a quien seduzca con su innovación o su estilo vanguardista, logrará ser publicado; de lo contrario, su obra pasará a la basura de la historia, como miles de textos, muchos de ellos muy buenos. Esta negativa, con todo y lo amable que pueda ser, es decepcionante.

Las editoriales son al fin de cuentas entidades de mercado, comercio, vendimia y muy probablemente subordinen la calidad a la alta venta, negocios son negocios y si dejan de serlo cierran. La industria del cine nos ha vendido una idea esnobista y llena de glamour en donde ávidos lectores revisan a conciencia manuscritos, nada más alejado de la realidad; el hecho es más simple, muchas veces los textos jamás son leídos. Hay un famoso agente literario, a quien se le agradece su honestidad, que expresa: «yo no leo nada que no pida».

Actualmente las grandes editoriales, principalmente, recurren a un filtro, los agentes literarios, quienes son grandes lectores y publirrelacionistas que además poseen el olfato suficiente para inferir desde la práctica lo que puede ser del gusto del público y lo que no. Este selecto club, parece tener en sus manos las grandes decisiones sobre qué publicar y a quién, trazando los caminos del mercado. Esta figura ha ido reconfigurándose a través de los años y adaptándose a las nuevas formas, medios, espacios y, me parece que también, alineándose a la geoeconomía. Los actuales escritores conocidos en el mundo y leídos han requerido de su propio agente quien, además de buscar editoriales y gestionar espacios, apoya en la construcción de una serie de acciones de promoción que han cobrado forma con la aparición de las redes sociales y los medios de comunicación contemporáneos: la plataforma de autor.

Tengo la impresión de que las editoriales −como todos los grupos humanos que conforman una élite− son celosos de su espacio y sus secretos, aunque en apariencia los compartan, y hasta editen libros sobre este tema, éstos no son revelados del todo.

Aunque podemos inferir los elementos de esta situación, lo medular, lo esencial, sigue escondido. El lector en un ejercicio de imaginación podrá enumerar algunos, como el capital relacional, la sinergia entre grandes corporaciones, los proyectos que suman varios frentes, cine-teatro-libro.

Si seguimos la pista de los grandes agentes literarios, encontraremos que muchos de ellos tienen en su pasado una relación muy cercana con las corporaciones editoriales para las que alguna vez trabajaron como directores, editores o en áreas de comercialización, y ese aceite relacional hoy engrasa la maquinaria del mundo editorial para favorecer a los autores que representan.

Si algo no camina, los agentes literarios tienen la suficiente cercanía con los que toman decisiones para mover el proceso y aunque alguna editorial no crea en algún autor, si al agente lo tienen en estima hará hasta lo imposible para que le publiquen… y lo lograrán.

Podemos asegurar categóricamente que el autor en su camino hacia la publicación de su obra − por muy bueno que sea en el arte literario− tendrá que pasar por el filtro de un agente literario y convencerlo de que su escrito merece ser revisado; o bien establecer relaciones públicas que le tiendan otros puentes. Sea cual fuese la decisión del escritor, si no hace un esfuerzo −sea por la vía de un agente o a través de sus propias habilidades− para convencer al editor, no logrará ser publicado.

Grandes grupos editoriales con presencia mundial solo trabajan con agentes, y cuando líderes de opinión (actores, deportistas, políticos, líderes sociales, etcétera) han logrado conformar por sí solos una buena plataforma de autor, es probable que también desdeñen el trabajo de escritores que no pertenezcan a su círculo; por esto se requiere de mucho esfuerzo personal y fuerza de plataforma para prescindir de esta figura.

Guillermo Schavelzon Graham −uno de los más poderosos agentes literarios contemporáneos− comenta en una de sus conferencias que ve al escritor norteamericano ofreciendo sus creaciones literarias abiertamente, actitud que no se identifica en otras zonas del mundo. Asimismo clarifica que el escritor latinoamericano muestra una resistencia a mostrar su creación y exponerse a sí mismo como un sujeto intelectual que ofrece un producto intelectual.

En resumen, viendo el libro como un objeto cultural, pero también como un objeto de venta o mercancía, es menester utilizar diversos caminos para su edición, presentación, difusión y posterior venta. Toda esta red, debe seguir una guía y líneas de acción organizadas, que logren que el escritor sea conocido por la obra y por lo que él representa.

Sea cual fuera la decisión que tome el escritor −de la mano de un agente literario o de su propio capital relacional−, no puede evitar ni renunciar a estas acciones o estrategias; de lo contrario, avanzar en el competido mundo editorial será muy difícil. Y no solamente difícil sino imposible.

 

El escritor lucha contra corriente y sin conocimiento buscando sin buscar un espacio en dónde ser publicado y en muchos de los casos hasta con cierta soberbia y poca humildad, acción que es apenas el inicio de un ciclo que termina con la adquisición por parte de un lector convencido de comprar la obra impresa. Proceso que es motivo de otros análisis.

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Autor:

LITERATURA,EDICIÓN, AUTOEDICIÓN, COACHING, SOCIALMEDIA, PROMOCIÓN DE LA CULTURA ESCRITA Y VISUAL, ARTE, Y HACEMOS Y VIVIMOS DE....CHARLAS,CONFERENCIAS, DOCENCIA, EDICION, VIAJAR...,Y SOY ABSOLUTAMENTE CREYENTE DE QUE LA CULTURA ESCRITA OS HARÁ LIBRES.

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